Deyanira Aquino

15 oct. 2017.-Guadalupe Ríos.-Cuando debí ser fuerte fui débil. Me quebró el dolor personal, la desgracia familiar. No tuve ánimo para escribir. Tras el terremoto del 7 de Septiembre –igual que muchas personas-, nunca más volví a ver las cosas de la misma manera.

Vi la desgracia ajena y la hice mía; con pesar vi gente lucrar con la desgracia, vi a algunos sacar su miseria humana al acaparar apoyos dejando a otros sin nada, pero también escuché y vi gente local y de fuera llegar con ayuda de manera anónima. Gente que tendió su mano para brindar su apoyo humanitario, jóvenes –hombres y mujeres- que dejaron a sus familias y sus trabajos para ayudar a sus hermanos en desgracia sin recibir un solo centavo a cambio.

Miles acudieron al rescate de Juchitán y de los pueblos del Istmo devastados el 7 y el 23 de Septiembre. Esa respuesta inmediata nos llenó de alegría, de esperanza, reconfortó corazones y alivió un poco las penas; en pocas palabras nos permitió ver que siguen siendo más los corazones buenos que las malas almas, y eso fue y sigue siendo un aliciente en medio de tanta desgracia.

Al enterarse de todo, o de algo de lo que estaba ocurriendo, el gobernador Alejandro Murat convocó de inmediato a reunión de gabinete y coordinó acciones de ayuda, pero aquí, la autoridad municipal nunca salió de su marasmo.

Un mes después de la tragedia Gloria Sánchez, no había convocado a su cabildo, no instaló una nueva sede del poder municipal tras el derrumbe del palacio, ni instaló la sesión permanente del Consejo Municipal de Protección Civil. Simplemente fue rebasada y dejó de ser operativa. Ella misma iba como zombi posando para la foto, a entregar despensas a los albergues organizados por la sociedad civil.

El terremoto -coincide la mayoría-, sacó a la luz lo mejor pero también lo peor de la humanidad. Nos dio la oportunidad de actuar de una manera diferente, nos dio la oportunidad de servir y ser humanos, solidarios, de ayudar a cambio de nada, de ser útiles, de hermanarnos, de reencontrarnos como sociedad, pero solo algunos tomaron esa opción.

Juchitán vivía desde meses antes del terremoto tiempos difíciles por la creciente criminalidad, el robo, los asaltos, la delincuencia galopante que ya no daba tregua a ciudadanos, empresarios o humildes comerciantes o vendedores callejeros. Las ejecuciones comenzaban a verse como algo “normal” y se llamaba sin éxito al gobierno federal, a poner los ojos en Juchitán.

Y en medio de todo, el escándalo de la opacidad del manejo de las finanzas públicas municipales. Los 65 millones de pesos que una empresa eólica aportó al municipio y que se asignaron arbitrariamente a rubros de escaso impacto e interés y que ahí debían seguir; la pregunta es ¿seguirán? Porque aunque el llamado es múltiple la voluntad es nula. La presidenta no quiere reasignar dicho recurso para la reconstrucción de Juchitán.

Juchitán está de pie dice Alejandro Murat, Juchitán y el Istmo están de pie dice el presidente Peña Nieto y sus secretarios de estado. Pero no, todavía no están de pie, los pueblos del Istmo apenas se están limpiando el polvo y quitándose el velo de la desgracia de sus rostros.

Un humilde alcalde en Santa María Xadani, comunidad indígena zapoteca denunció que le escamotearon los apoyos a su pueblo. “Me ofrecieron 12 millones para empleo temporal y solo me dieron 500 mil”, dice Hermengildo Santiago Guerra.

Luego Nubia Mayorga titular de CDI ordenó la entrega de mil 500 hamacas (¡Compradas en Yucatán! Cuando aquí en el Istmo las elaboran) y se las dieron pero al final le quitaron mil solo les dejaron 500.
Encima de eso con argumentos infantiles fácilmente impugnables, el Tribunal Estatal Electoral TEEO invalidó la elección extraordinaria del pasado mes de junio y desde luego le quita autoridad a Santiago Guerra para exigir lo que pidió desde el principio: transparencia, información.

En Juchitán como en el Istmo muchos se preguntan a cuánto ascienden los recursos otorgados a cada vivienda afectada? Cuántos son de 15 mil y cuántos de 120 mil? Cuánto suman? Dónde están los recursos entregados por los gobiernos, particulares y organismos nacionales e internacionales? Va siendo tiempo de levantarse y de exigir la conformación de un órgano ciudadano con capacidad de auditar los recursos que se recibieron y los que se están aplicando en la reconstrucción del país. Es una demanda impostergable por el bien de México.

Foto: del Muro de Helena Medina.