05 oct. 2017.- Mercedes Arancibia. Penespañol.-La buena noticia –dicen los realizadores de esta película- es que hay mucha esperanza. Existe la tecnología capaz de crear suficiente energía limpia para toda la economía mundial y para evitar una catástrofe climática total.

Se trata de la secuela del documental ganador del Oscar de 2006 “Una verdad muy incómoda”, alegato de Al Gore [1], exvicepresidente de Estados Unidos, en favor de una política ecológica mundial más responsable.

¿Qué ha pasado desde entonces? En esta segunda entrega documental vemos al propio Gore concienciando a futuros activistas en encuentros de tipo seminario o arengándoles desde los escenarios. Asistimos a la respuesta de expertos que comentan el innegable aumento de la temperatura en todo el planeta. Nos enteramos de que los catorce años más calientes son posteriores a 2001 y visitamos lugares donde han ocurrido catástrofes naturales (como dice Irving Allen «las condidiones meteorológicas extremas son muy cinematográficas»).

En suma, que Gore –a pesar del entusiasmo y la pasión que ponen en esta cruzada tanto él, como sus seguidores, y a pesar del pronóstico de que los peligros del cambio climático se pueden superar- anuncia un futuro tan poco alentador como lo ha sido el pasado. Y eso que esta película se realizó antes de la llegada de Trump a la Casa Blanca (a lo largo de los años 2015 y 2016), su rechazo de las afirmaciones científicas que prueban que el planeta es cada vez más caliente y la posterior salida de Estados Unidos del Acuerdo de París. Porque, una vez más, parece que el resumen es que la industria se impone sobre la política, las fábricas siguen contaminando y los gobiernos muestran escaso o nulo interés en la promoción de las energías limpias.

Parece que ya se ha dicho todo, o casi, y nuestro planeta se va a morir si no actuamos ya. Si no nos ponemos en marcha, el tiempo se nos acaba. Este es el mensaje que han querido transmitir también los directores Bonni Cohen y Jon Shenk. “El cine –dijo Al Gore en la rueda de prensa al presentar el documental en el último Festival de Cannes- es un medio capital para transmitir un mensaje poderoso que el mundo debe escuchar. Cuando la gente va a al cine y está pendiente durante 90 minutos, o dos horas, hay una oportunidad sin precedentes para que reciba una narrativa pensada”.

El exvicepresidente y Premio Nobel de la Paz 2007 (compartido con el Panel Internacional sobre los cambios climático) Albert Arnold Gore Jr (Washington, 1948) ha hecho de nuevo una película militante de la lucha contra el cambio climático, un documental muy poco optimista pese a que constata los esfuerzos de algunos gobiernos en los once años que separan las dos entregas.

Esta segunda no es ni mejor ni peor que la primera, es una continuación: “Me impactó- ha confesado Gore- la reacción del público a mi primer documental que resultó ser una película cautivadora y convincente, pese a las dudas que yo tenía inicialmente, debidas a mi desconocimiento del cine. No soy yo quien debe pronunciarse sobre el alcance histórico de esta obra. Lo que si puedo asegurar es que viajo a las cuatro esquinas del planeta para concienciar acerca de las soluciones rentables, que existen, contra el cambio climático. Y que encuentro mucha gente que me dice que mis películas han contribuido a su militantismo ecológico”.