Este jueves, 29 de noviembre de 2018, la música reggae jamaicana ha pasado a formar parte de la lista del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, por decisión de un comité especializado de la Unesco reunido en Port-Louis, capital de Isla Mauricio, que ha subrayado la contribución del Reggae para concienciar internacionalmente sobre las cuestiones “de injusticia, resistencia, amor y humanidad”, y su dimensión “cerebral, socio-política, sensual y espiritual”.

El comunicado de la Unesco destaca la figura de Bob Marley, como la máxima representación del género.

Desde ahora, el reggae forma parte de las cerca de 400 tradiciones culturales –cantos, gastronomía o celebraciones- que ampara la Unesco, y que van desde la pizza napolitana al zaouli, la música de las comunidades gouro de Costa de Marfil.

La candidatura del reggae – música surgida a finales de los años 1960- fue presentada por Jamaica. Se trata de un estilo desarrollado a partir del ska con influencia de jazz y blues, cuyos intérpretes la reivindican como “música de los oprimidos”; los temas más frecuentes son cuestiones sociales y políticas, las cárceles y las desigualdades.

La canción “Do the Reggay”, del grupo Toots and the Maytals, fue la primera en utilizar el nombre de reggae en 1968; tuvo un gran éxito mundial gracias a Bob Marley y su grupo The Wailers, con canciones como “No Woman, No Cry” y “Stir it Up”.

Además, el reggae se asocia con el rastafarismo, un movimiento espiritual que tiene como líder al emperador etíope Haile Selassi (1892-1975) y promueve el uso de la marihuana (ganja).

En 2017, cuando se cumplían 36 años de la muerte de Bob Marley, “la primera superstar llegada del tercer mundo”, en París se inauguró la exposición “Jamaica, Jamaica”: un resumen en imágenes –fotografías y películas desconocidas- de la vida del artista, su música y sus mensajes de denuncia del ghetto, emancipación de los oprimidos y paz