Medioambiente

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. 7 de abril de 2018 (Agencia Informativa Conacyt).Por Alberto Chanona- La conservación de áreas naturales sería impensable sin el arraigo y cultura de las comunidades que ahí viven.

Aun así, los valores culturales de esos pueblos no suelen estar debidamente representados en cifras oficiales ni en los instrumentos jurídicos con que cuenta México para la protección de su biodiversidad, considera la doctora Cecilia Elizondo, académica adscrita al Departamento de Agricultura, Sociedad y Ambiente de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), en Chiapas.

La doctora en ciencias en conservación del patrimonio paisajístico refiere que en México, la mayor parte de las áreas naturales que han logrado mantener su biodiversidad son conservadas gracias a la cultura de los pueblos que ahí habitan. Aun así, esas áreas no aparecen reflejadas en las cifras oficiales.

Por ejemplo, en el caso de Quintana Roo, mientras que la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) ha certificado tres mil 950 hectáreas como áreas voluntarias de conservación (AVC), la académica ha identificado en ese mismo estado, casi 100 mil hectáreas que, a pesar de no contar con certificación oficial, funcionan en la práctica como áreas conservadas.

“Con esa diferencia entre las cifras, podemos ver cuánto aportan las comunidades locales a la conservación de esos sitios. Son números que no están contabilizados, pero es un trabajo importantísimo que la misma gente ha realizado, y no porque alguien se lo haya dicho, sino porque es donde viven, donde están arraigados”.

Desde luego, detalla, no son todas y cada caso es diferente, “pero hay una gran cantidad de comunidades que están conservando áreas que ni siquiera están identificadas”.

El arraigo, la gran diferencia .
or lo general, explica la académica de Ecosur —uno de los 27 Centros Públicos de Investigación Conacyt de México—, las áreas donde se mantiene la diversidad biológica son aquellas donde las comunidades locales las han conservado. Y suelen ser más exitosas mientras mayor es su arraigo. Esa por ejemplo, dice, es la gran diferencia entre el manejo que hacen de sus áreas las comunidades de Oaxaca y las de Quintana Roo (estas últimas cada vez más degradadas): su sentido de arraigo.

Por eso, uno de los mayores desafíos que enfrenta el país en materia de conservación es la pérdida de identidad cultural de sus pueblos.

“Entre más se pierde, menos les importan los recursos naturales a las nuevas generaciones. Muchos jóvenes que emigran para ir a trabajar a centros turísticos o ciudades, al cabo del tiempo pierden su pertenencia cultural por otras aspiraciones. En el caso de Quintana Roo, por ejemplo, los jóvenes van a trabajar a los hoteles. Algunos hasta terminan por cambiarse el apellido. Ya no quieren hablar maya porque no quieren ser considerados indígenas. E incluso venden sus tierras”.

De ahí que sea tan relevante, señala, incluir la diversidad y valores culturales de las comunidades y ejidos en las estrategias de conservación.

Incongruencias
El otro gran problema que enfrenta la conservación de la biodiversidad en el país, afirma la doctora Elizondo, son las contradicciones en políticas públicas y programas gubernamentales.

Uno de los beneficios de contar con la certificación como AVC de la Conanp es tener un punto más para acceder al pago por servicios ambientales. No obstante, existen otros programas estatales que por promover el desarrollo económico, terminan por restarle incentivos a la conservación.

“Si Sagarpa les llega a otorgar a esas comunidades un financiamiento mayor por destinar un área a la ganadería, por ejemplo, en muchas ocasiones a la gente le conviene más aceptarlo que mantener la certificación como AVC, algo similar a lo que ocurre en la Selva Lacandona con el cultivo de la palma africana para obtener aceite. Y como esas incongruencias, hay miles”.

Para la investigadora, realmente hay un desafío muy grande por delante: lograr que el país resuelva sus contradicciones, para armonizar el desarrollo económico con el cuidado del ambiente y de los recursos naturales.

Por eso, opina, el tema ambiental debería ser transversal.

“Más allá de tener carreras profesionales dedicadas exclusivamente al ambiente, tendríamos que fomentar el tema en muchas otras profesiones: en arquitectura e ingeniería, por ejemplo, pero también en economía y otras más, en donde el tema ambiental no sea una materia optativa, sino una línea que se abarque en cada materia. De ese modo, tendríamos profesionales que trabajaran con conciencia ambiental”.

En México, la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente define un área voluntaria de conservación (AVC) como un área conservada de forma voluntaria por privados, comunidades y/o ejidos.

Pero esa definición es problemática, porque no incluye ahí la protección de áreas modificadas o incluso degradadas que quisieran ser restauradas por sus dueños o por empresas que hubiesen obtenido algún beneficio de la explotación de un área.

“En realidad, la misma IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, por sus siglas en inglés) dice que las áreas de conservación pueden también ser ambientes deteriorados (por minería, ganadería u otros procesos). Es decir, en el ámbito internacional, la restauración es tan válida que está incluida en el concepto de conservación”, afirma la doctora Cecilia Elizondo, del Departamento de Agricultura, Sociedad y Ambiente de Ecosur.