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30 dic. 2014.-Lucio Rivera / APIM.- 1. la violencia es inherente y parte fundamental de todos los procesos naturales, humanos, sociales y hasta industriales, de los cuales depende nuestra vida.

La continuación misma del ciclo de la vida, la supervivencia misma de la humanidad y de las millones de especies de plantas, animales y todos los seres vivos de la tierra, depende de relaciones violentas, en las una especie mata a otra para comerla o para defenderse. Esto es claro, evidente y obvio, todos los animales y plantas se relacionan de una manera u otra con la violencia y la muerte, y eso es natural. Los mismos seres humanos deben de saber que para que su comida se produzca, es preciso el aniquilamiento de miles de millones de plantas silvestres y salvajes, de insectos y demás animales llamados “plagas” y ni siquiera hace falta mencionar las terribles y violentísimas fábricas de muerte donde masacran millones de animales para la industria cárnica, los taquitos y todo eso. En fin, vida, violencia y muerte, están tan relacionadas, que no se pueden separar por algún gusto moral o político no-violento o pacifista, sin caer en una contradicción sin solución, sin mencionar el ridículo.

La violencia no es algo natural.
2. La violencia es el principal componente de la maquinaria del estado-capital en todas sus formas y en toda su génesis histórica, en su nacimiento, crecimiento, reproducción y muerte. Pero no la violencia del águila que come serpientes o de los pueblos que comen nopal, violencia proporcionada y natural, sino la violencia y la violación total a cualquier límite, la desaparición de toda barrera ética, de toda cualidad sagrada de la vida, violencia total y totalmente desproporcionada, mega-amplificada y ultra-profundizada, para abarcar a todo y a todos, como un dios que moldea el mundo a su imagen y semejanza, es decir, a imagen y semejanza de la muerte. Nuestros pueblos y tribus no desarrollaron rejas, cadenas, armaduras, armas de fuego, por eso se les llama primitivos, en cambio, la civilización occidental no cesa de perfeccionar sus cadenas, sus bombas, aunque con ellas pueda acabar con la humanidad entera o encarcelarla en su totalidad. La dominación actual, pues, en todos sus aspectos, es producto de la imposición sangrienta de la violencia colonial perpetrada por siglos y siglos.


El pilar de la civilización actual es el exterminio. En las fábricas de muerte, de iphones, de ropa, en las minas, en el fracking, en la extracción forestal, en la industria de pesca masiva, en fin, en todo lo que nos alimenta, nos viste y nos entretiene, en todo de lo que dependemos por haber nacido bajo esta civilización, está el sello sangriento del exterminio violento, del despojo, de la explotación, del desprecio y de la represión, de la humanidad, de los seres vivos y de la tierra. Esta producción y distribución industrial y global de la violencia y de la muerte ha llegado a un punto en que la reproducción misma del ciclo de la vida está en riesgo para la especie humana y miles de especies más.

3. la violencia colonial occidental, hacia la tierra, los seres vivos, las mujeres, lo diferente, los niños, los pueblos y tribus originarias, el trabajo, el corazón, y hacia todo pues, es el principal vínculo y relación social, presente hasta en nuestros sueños, que sin embargo, es ocultada e invisibilizada en el mismo sentido en que las víctimas de esta violencia se vuelven invisibles. Nadie quiere saber de la esclavitud y la violación en las industrias sexuales mientras ve pornografía, como nadie quiere saber de la masacre de animales mientras come ricos tacos de carne. Esta cualidad no solamente es una añadidura a la violencia, sino que expresa su esencia misma, cruel hasta lo inimaginable (como queda demostrado en las torturas que practican todos los estados del mundo), que no solo es violentar, dominar y destruir la vida, sino negar que alguna vez existió, ignorar su dolor, proclamar su invalides, culparla del crimen que cometieron contra ella, y encima, pregonar que no se ha ejercido ninguna violencia. Así como la mayoría absoluta de las personas a las que les he preguntado, dicen que no matarían a un animal para comérselo, que les parece cruel, lo dicen mientras se llevan a la boca una torta de jamón, una salchicha o tacos al pastor. Pero no les parece cruel hacer que alguien más lo mate de una manera en extremo dolorosa, para que ellos, sin haber conocido o cuidado si quiera ese animal, lo disfruten. Esa para mí es una gran, gran crueldad. En fin, la violencia colonial, como relación que funda y reproduce el conjunto de la civilización occidental es rechazada en el discurso, pero reproducida en todo momento en la práctica. Así, la violencia oculta al otro, la otra, lo otro, y a la vez, es ocultada por los de arriba con el fin de que llegue a permear el conjunto de las relaciones sociales. Así es normalizada, aceptada y legitimada por grandes sectores de la población.

4. la violencia, en todas sus formas, es expuesta en aparadores y pantallas y reproducida en la vida cotidiana, en la vida laboral, en la vida sexual y en todas las esferas de la vida, en el consumo mercantil y en el conjunto de industrias culturales y espectaculares. Hay shows de luchas, donde dos personas se golpean brutalmente por un deporte, todo mundo los acepta. Hay películas violentísimas, que pese a sus espejismos, violentan la realidad y a los seres vivos y explotan a las personas que en ellas trabajan, y todo el mundo las acepta. Las canciones rancheras que escucho en estaciones de radio de la burguesía, reproducen la violencia machista, y aun así esos grupos abarrotan salones de baile y es uno de los géneros más escuchados del país. En la escuela se violentan los saberes ancestrales de nuestros pueblos, y no hablo de la primaria, sino en la misma universidad, y no hablo de la facultad de medicina, sino en las mismas escuelas de ciencias sociales se ignora y desprecia la existencia y vida de nuestros pueblos, es tan normal, que nadie se atrevería a cuestionar que se enseñe la filosofía de platón, y menos aún nadie se atrevería a exigir que se enseñaran los saberes de los pueblos de México y de América en lugar de los de Europa. Hubo un exterminio contra los pueblos y tribus apaches, desaparecieron de México y de Chihuahua, donde se encuentran sus territorios sagrados, y si alguien escucha que en México hubo una sangrienta guerra de siglos contra los pueblos y tribus apaches, seguramente se burlará, diciendo que en México no hay apaches. Nada de esto parece ser violencia, al contrario, parece algo normal, pacífico, redituable y obediente. No parece violencia, pero lo es. No parece no porque en su naturaleza no sea de por sí obvio que es violento que las personas peleen, que exploten bombas en pantallas, que humillen a las mujeres con gritos en canciones, que nos ignoren y exterminen. Es obvio que todo eso es violento, pero estamos tan colonizados, tan enajenados, que por el simple hecho de que son realidades e ilusiones impuestas desde arriba, pueden ser perdonadas, dejan de ser violentas como violencia mala, es decir, la no-violencia y el pacifismo pueden aceptarlas y convivir con ellas. Así, en el conjunto de imágenes espectaculares, se ha construido una serie de valores y prácticas de la violencia como legítimas, y en cambio, otras más se han construido como ilegítimas. Las primeras, las que favorecen al más fuerte, las segundas, las que reivindican lxs más débiles.

5. La maquinaria del estado-capital: industrias, maquinas, bombas, cárceles, aparatos de tortura, varas de electroshock, metralletas, mísiles, drones no tripulados, aviones supersónicos, cárceles clandestinas de máxima seguridad, perros entrados... de repente batallo mucho para seguir ¿Es tan difícil darse cuenta que los pilares de la civilización son las maquinas más violentas y destructivas que han existido en toda la historia? ¿Es tan difícil darse cuenta de que esta civilización solo se propone perfeccionar la producción y repartición de muerte? Los invito a pasearse por alguna mina a cielo abierto, a ver las consecuencias de esa actividad tan redituable. Me es muy difícil explicar porque está mal que nos roben el agua, nos contaminen los ríos, nos exploten y destruyan los cerros, para extraer oro y llevárselo a sus bancos. Lo considero algo evidente, si nos quitan el agua nos morimos. Y si las cosas siguen así, pues los pobres, los campesinos, los jóvenes, las mujeres, los trabajadores, los niños, los pueblos, las tribus, nos vamos a morir, nos van a terminar de asesinar. La maquinaria del estado-capital, cruel y violenta hasta límites que no puedo imaginar, es incompatible con la vida humana en la tierra. ¿La solución? Ir a colonizar marte. Así hasta que hayamos destruido el universo entero. Sepan que no lo vamos a permitir. La violencia de la civilización interrumpe el ciclo de la vida. La violencia del ciclo de la vida terminará por romper esta civilización entonces. Las violentas inundaciones, huracanes, terremotos, plagas, sequías, y demás acciones salvajes de la tierra se encargarán de restaurar el ciclo, si es que los seres humanos no quieren, porque de que podemos, pues podemos. Y bueno, no quedará sobre la tierra quien pueda contar todo esto, si no nos apresuramos en salvar a nuestra madre y a todos nuestros hermanos, incluyéndonos nosotros mismos.

6. Si una cucaracha o una rata entra a tu cocina o a tu habitación, lo normal es correrla, espantarla, aplastarla o matarla, y si no quiere irse, pues enfrentarla. Podemos sentir y pensar muchas cosas al respecto de la violencia hacia nuestros hermanos los animales, y en la mayoría estaré de acuerdo, su vida no vale menos que la nuestra. Sin embargo, si apreciamos nuestra vida y queremos sobrevivir no podemos tolerar que las ratas se coman nuestras chamarras, que caguen en nuestra comida, que orinen en nuestras camas, porque entonces, lo más probable será que nos enfermemos y nos muramos. Y no queremos eso, amamos la vida porque amamos la libertad y queremos luchar, por eso no vamos a dejar que unas simples ratas nos detengan, aunque las respetemos como especie y como individuos no queramos matarlas, la situación así se dio, no por causalidad, sino por la estructura urbana de drenaje. Así que tenemos que pelear contra las ratas y ser violentos. Esta experiencia se las comparto de nuestra casa colectiva, donde una rata atacó mi sudadera y rompió la capucha y las bolsas. Sabemos que las ratas no se rendirán, que no se puede dialogar con ellas y lucharán hasta el final. Por eso nosotros tampoco nos rendiremos, y si tuvimos que utilizar la violencia, sabemos que fue legítimo, aunque no nos haya gustado. Es entonces que la violencia como recurso político para la liberación, no solo es legítima, sino que es necesaria. Como dice el corrido (de Flores Magón): “se nos quiere someter a puñal y con balazos, insensato es responder con el código en la mano, sometámoslos también a puñal y con balazos”. Sus cuerpos paramilitares, policiacos y militares están formados por las personas más enfermas, depravadas, idiotizadas y deshumanizadas y las ordenes que tienen son de torturarnos y asesinarnos, para que puedan saquear nuestra tierra a gusto. Y la raza quiere responder con flores, con gritos, con pancartas, como si de verdad así se detuvieran las balas. Quienes defienden el pacifismo a toda costa en este contexto defienden a los asesinos. Y resulta que los asesinos son nuestros enemigos. Entonces, aquella persona perteneciente a los pueblos, a la clase obrera, a la población de abajo, al proletariado, que se niega a defenderse y que le niega a los demás su sagrado derecho a defender su vida, está defendiendo a sus enemigos, a sus asesinos.

7. En el estado de Michoacán, miles de personas se alzaron en armas para expulsar a las mafias que convirtieron su vida y su tierra en un infierno. No sabían que las mafias se llaman estado, o como luego le dicen, estado-capital. Su lucha, una expresión más de la lucha por la vida de los de abajo contra los de arriba, ha resultado en gran violencia, dolor y muerte. Sin embargo, miles de personas que no son nativas ni viven en Michoacán, aplaudieron este esfuerzo por su libertad e incluso llamaron a que la lucha no se detuviera, a no confiar en el gobierno, a seguir peleando. No eran esas personas las que morían y mueren. No son esas personas las que se arriesgan. Pero si hacen llamados en las redes sociales, en textos digitales e impresos. Nunca se cuestionó la legitimidad del uso de las armas para liberarse de la opresión. Nuestra historia como pueblos y tribus de México es clara al respecto (como el corrido de Flores Magón). Así, numerosos grupos de autodefensa y policías comunitarias que han surgido en diversas tierras de este país, cuentan con el abrazo de grandes sectores de la sociedad civil, aunque a veces solo es discursivo. Sin embargo, las acciones de autodefensa y de acción directa, no solo han contado con la condena discursiva, sino física y política, cuando las realizan encapuchados en la ciudad de México y en otras ciudades. El linchamiento mediático es una operación militar, que ha contado con el apoyo de moneros, intelectuales, personajes y demás buenas conciencias, que tiene como objetivo, asesinar, encarcelar y desaparecer la rebeldía y la resistencia contra el estado. Eso sí es violento pues, mentir, señalar, juzgar con el apoyo de jueces y condenar con el apoyo de cárceles a quienes previamente fueron detenidos con el apoyo de granadas de gas y garrotes, para luego olvidarlos con el apoyo de los medios. Olvidados todos nuestros “compas” que luchan contra el estado, contra el mismo estado que busca dominar, violentar y destruir todo lo vivo sobre esta tierra. ¿Por qué, según grandes sectores de la sociedad civil, que incluso apoyaron que la gente tomara las armas para salir a matar y a morir en Michoacán y otros lugares, estas personas merecen el olvido y la muerte? Por ser jóvenes, diferentes, rebeldes, encapuchados, por romper vidrios, por quemar puertas, camiones, estaciones, bueno, muchas acciones en las que nadie ha salido herido, pero que sí ocasionan perdidas, en muchos casos millonarias, para el estado y el capital, y que además, resuenan con tal escándalo, que atraen la mirada, aunque sea ciega, de grandes sectores de la población. Todas estas acciones, como lo que ha hecho el movimiento popular en Guerrero (atacar símbolos, edificios, patrullas, camiones, con fuego, entre otras cosas, por poner un ejemplo), son acciones mínimas, nada comparadas con las armas de los policías y paramilitares que desde hace años riegan con sangre todo el territorio nacional. Son palos contra tanquetas, pues, no es una guerra en igualdad de condiciones. Y si la población se armara pues entonces ya no habría necesidad de quemar puertas, tomaríamos todo lo que es nuestro y punto, y los ilegales, ilegítimos, serían los policías, militares y paramilitares. Pero no es así. Son simples mercancías, aparadores, vidrios, paredes, las que salen dañadas, nada que realmente le haga daño al estado-capital de por sí. Podría descarrilarse un metro y eso ocasionaría más daño que una protesta con piedras y molotovs. Pero eso no cuenta. Los automovilistas asesinan a decenas de miles de personas al año y provocan pérdidas materiales de millones de pesos, pero nunca serán llamados vándalos. Los de arriba saben que al romper un vidrio lo que se daña no es el vidrio en sí, que fácilmente puede ser reemplazado (lo que le da trabajo a varias personas y reactiva la economía...), sino la obediencia, la normalidad y la tranquilidad absoluta de los capitalistas, que creen que podrán gozar de esclavos obedientes y respetuosos todas sus asquerosas vidas. Pues no, no podrán. No podrán seguirse riendo de las marchas pacíficas desde el piso 42 de su hotel de lujo, porque resulta que ahora las marchas les cuestan, y aunque sea mínimo, eso no les causa nada de gracia. Saben que los vidrios rotos anuncian y llaman al verdadero crimen de la insurrección incontenible, de la rabia desbordada. Saben que detrás de los vidrios rotos y las capuchas, hay un chingo de odio y de rabia, por eso les da tanto miedo y mientras la policía reprime en las calles, en los medios lo hace la policía del pensamiento, tan bien disfrazada de objetiva y hasta progresista. Pregunto ¿No sabrán lxs pensadores que están de nuestro lado, abajo con nosotros, que detrás de la capucha y los vidrios rotos hay odio, rabia, diversión, valentía, hartazgo, indomabilidad, desobediencia? ¿O porque batallan tanto en posicionarse del lado del pueblo que lucha, ya sea pacíficamente o con piedras y molochas? No estoy diciendo que esa sea la única forma de lucha válida, sino que el respeto a nosotros mismos y a todas las formas de lucha, es la condición no-negociable, no-vendible, no claudicable, para que caminemos todos juntos. Eso nos lo demuestran los compañeros, madres y padres de los desaparecidos y asesinados de Ayotzinapa, el respeto a todas las formas de lucha, no juzgar lo diferente, no condenar. Eso nos lo demuestran las y los compañeros de Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Eso nos lo demuestran los pueblos de forma cotidiana. Sin embargo, muchos “intelectuales” y pensadores siguen empeñados en hacer juicios de valor, en generalizar y homogenizar, lo que es sinónimo de hegemonizar, lo que es sinónimo de dominar. Siguen empeñados en confundir y confundirse, en no ver las razones del “vandalismo”, en juzgar, en mentir. No es cierto que esas personas se autoproclamen vanguardia, nada más patético y falso. Muchas de esas personas actúan espontáneamente sin organización y sin dirigirse a ningún lugar. Muchas de esas organizaciones han compartido su palabra y en ningún momento se habla de vanguardia. No es cierto que pretendan suplantar o ganarle protagonismo a la palabra de compañeros, madres y padres de los asesinados y desaparecidos de Ayotzinapa, nada más asqueroso que esa acusación. Es simplemente su forma de luchar, no han dicho que nos salvarán, no han dicho que tienen la verdad, muchos ni han dicho nada que se haya podido escuchar fuera de sus círculos de afinidad. Es simplemente lo que es: piedras contra el vidrio, fuego contra camiones, bombas contra puertas. Y todos se escandalizan y dicen no comprender. Pues bien, en este mundo violento hasta en la paz, las personas que atacan los símbolos de obediencia y explotación, son voluntariamente incomprendidos hasta por pensadores “de abajo”, distorsionados, atacados con toda la fuerza del estado-capital, mientras que unos aplauden a la policía y otros regañan a los “mal-portados”.

8. No tenemos que romper vidrios para que se nos acuse de violentos, vándalos y locos. Nuestra forma de vivir, nuestros sueños, nuestros deseos y necesidades, y sobre todo, nuestra posición, aquí y ahora, abajo y a la izquierda, ya nos ha condenado a que nuestras vidas sean un infierno. Por eso somos violentos aun sin hacer nada, aunque nos dediquemos a sembrar y trabajar la tierra, aunque seamos artesanos, aunque seamos vagabundos, aunque seamos trabajadores, ya de entrada, que estemos vivos y encima ¡Oh por dios! Que seamos rebeldes y desobedientes, son razones más que suficientes para merecer el infierno, la muerte y el olvido. Se expresa en el hambre. En el frío. En las enfermedades. En la guerra. Así mueren millones de personas en todo el mundo, muchas de ellas niñas, asesinadas por el estado-capital. Por eso es casi un juego (¿No entienden lo divertido, no entienden de que se trata el juego de romper los juguetes del enemigo? Mal, porque el enemigo sí.) Que ahora se quiera maximizar de esa forma las acciones directas, casi un juego, de no ser porque es en realidad una guerra. Acciones directas se realizan siempre, la mayoría de ellas quedan en el olvido. Desde hace mucho que en las marchas se practica el “vandalismo” como forma de hacerle daño, mínimo, a los enemigos, y de defenderse, a veces de conseguir algo de comer por ejemplo (¿Se acuerdan de la foto de la chica recuperando de una tienda unas papas fritas? ¿Se acuerdan de todo lo que la criticaron por no tener probablemente qué comer?). Ahora, conforme se acumula dolor y rabia, esas acciones se generalizan. Sabemos que no llegaremos a la libertad quemando puertas, pues detrás de ellas no está la libertad. La libertad está en nuestros corazones, en nuestros cuerpos, en nuestra tierra. Creo por ejemplo, que deberíamos organizarnos para recuperar toda la tierra y sacar a las empresas que la destruyen de ahí, tomar todos los transportes, medios de comunicación, y fábricas que nos sean útiles, y empezar a auto gestionar nuestras vidas, tomar nuestras calles, tomar nuestros propios cuerpos para defenderlos, tomar los ríos, los bosques, las montañas, los cerros, para nosotros nada, para todos todo. Creo que entonces, a partir del trabajo colectivo, del respeto y el apoyo mutuo, podremos organizar nuestras propias formas de autogobierno y toma colectiva de decisiones. Creo eso y que atacar tiendas y bancos y vidrios no nos acercan mucho a este objetivo, tal vez hasta son dos caminos distintos, pero no por eso voy a comparar a todas esas personas con los que señalan, juzgan y condenan (como leí que hacía Rodríguez Lazcano) ni voy a abandonar el compañerismo y solidaridad hacia una la bandas más criminalizadas, perseguidas y encarceladas, como lo son los encapuchados.