Opinión

No hay policías. No hay autoridad ni municipal, ni estatal ni federal. Hay asaltos a transeúntes y dos asesinatos hoy.

23 ago. 2018.-Guadalupe Ríos. No hay policías. No hay autoridad ni municipal, ni estatal ni federal. Hay asaltos a transeúntes y dos asesinatos hoy.

En los centros comerciales escasean los abarrotes, pronto no se podrán conseguir verduras y frutas en el mercado. Los estudiantes de algunas secundarias y preparatorias no están yendo a la escuela por "seguridad".
Ayer un alumno universitario fue asaltado en la carretera; los chicos se organizan para circular en grupos y no en solitario.

Algunos mototaxistas que son los mismos que bloquean, están cobrando tres veces el precio de un servicio por uno o dos kilómetros. Hay taxis que también sacan ventaja del caos.

No...no es Nicaragua, ni Venezuela.

Es Juchitán. La segunda ciudad más grande e importante del Estado de Oaxaca en el Istmo de Tehuantepec; región que históricamente han ambicionado controlar norteamericanos, franceses, españoles y que hoy es tierra de nadie.

Aquí, en este municipio donde miles de hectáreas están manejadas por empresas eólicas extranjeras para generar energía con el viento, en esta franja de tierra de la cultura binnizaa (zapoteca), imperan el desorden y el caos, la impunidad y la corrupción y campea el crimen organizado que controla la migración de centroamericanos y las drogas.

Aquí donde los maras aprendieron a hablar zapoteco y algunas centroamericanas formaron hogares y hoy tienen hijos, aquí donde las fastuosas fiestas llamadas Velas derivaron en escenarios para el lucimiento de los políticos aspirantes a algún cargo de elección popular y se pervirtieron las costumbres; en esta franja angosta de México tan codiciada, al parecer ni el ejército ni la Marina saben lo que ocurre. El gobierno estatal o federal menos.

Aquí mismo han operado desde hace décadas, pequeñas mafias del poder político (de izquierda y de derecha) y surgieron nuevos grupos en una convivencia casi "pacífica" con la delincuencia organizada.

Los jóvenes hoy se preguntan cuándo comenzó esta sozobra e inseguridad?. No lo sabemos a ciencia cierta.
En qué año se descompuso todo? porque los adultos de hoy (que eran adolescentes hace 20 años), recuerdan que su miedo más grande era que les robaran la bicicleta o la patineta o que fueran correteados cinco cuadras por pandillas juveniles que no los querían ver en su colonia.

Qué le pasó a Juchitán? Cuándo se perdió el respeto a los padres y madres de familia? Cuándo se dejó de tener miedo a caer en la cárcel?

Quizás cuando los políticos de la COCEI y del PRI, les mostraron a sus seguidores que si cometían una falta, con un poco de presión los sacaban de la cárcel y hasta les condonaban las multas. Quizás cuando los delincuentes también vieron que no había justicia o se vendía al mejor postor.

Al márgen de la ley y con la complacencia u omisión de gobiernos estatales, se crearon colonias -primero por necesidad de vivienda-, pero después por negocio; primero fueron dos, hoy son más de 130 y al margen de la ley también se tomaban carreteras y oficinas, se imponían voluntades y se crearon pequeños cotos de poder que muy pronto se confundieron con intereses ajenos a la política.

Tal vez cuando esos líderes quisieron detener los engendros creados ya era demasiado tarde.

Tal vez eso fue lo que pasó.
Yo solo trato de explicarme y explicarle a esos adolescentes que me preguntan que le pasó a Juchitán y a su gente, por qué vivimos con miedo, por qué no podemos sonreir y ser felices.
Yo (como dice el poeta) yo no lo sé de cierto, pero supongo.