Roberto Lopez Rosado

19 sep. 2016.-Adriana Bianco.Penespañol.-Cuando vivía en México, tuve el privilegio de conocer a gente del mundo cultural, entre ellos al nieto de David Siqueiros, el gran artista plástico. Con su nieto recorrí una de las obras más importantes que legara este muralista a su país: el Polyforum1.

Esa tarde, con el nieto, (que se parecía mucho a su abuelo), gozamos esa inmensa escultura, esa arquitectura polifácetica que sostiene los paneles muralísticos, que ponen en relevancia el sentido social y vanguardista de Siqueiros.

La obra fue concebida para el Casino de la Selva, pero el empresario le propuso a Siqueiros crear un mural gigante de 8700 metros cuadrados. Así, surgió este centro que acoge actividades culturales, políticas y sociales, en pleno corazón de la ciudad de México, y que rompió canones estéticos en el momento de su creación.

La experiencia de Siqueiros y sus concepciones filosóficas y artísticas quedaron plasmadas en esta obra que podría considerarse la cumbre de su arte: la Marcha de la Humanidad, uniendo sus ideales socialistas y sus visiones plásticas. El trabajo se inició en 1966 y fue inaugurado en 1971, con la presencia del presidente Luis Echeverria, a quien conocí en mi estancia en los 80, en México.

Recuerdo la imponencia del edificio, aloja un teatro circular de estilo griego y en su exterior, la fachada de dodecaedro cuenta con doce paneles donde se narra la marcha de la humanidad. Mientras lo apreciábamos, el nieto me contaba anécdotas de su abuelo, su pasión por la pintura, sus concepciones ideológicas y su fuerza personal.

Siqueiros, nacido en Chihuahua en 1896, pronto se trasladó a Ciudad de México y estudió arte porque su vocación fue temprana, a los 15 años ya dibujaba y pintaba y estaba envuelto en activismo estudiantil. Sus ideas lo llevaron a la cárcel y al exilio. Su vocación pictórica estaba unida a su vocación de liderazgo político, pero eso no le impidió dejar obras que son parte del patrimonio nacional.

El mural de Argentina
El destino quiso que también legara un mural único a la Argentina y yo viera los afanes por rescatar esta obra, desde la Secretaria de Cultura donde era funcionaria.

Cuando Siqueiros sufrió el exilio en 1933, fue invitado a la Argentina a dar unas conferencias y a pintar un mural para un sindicato. Buenos Aires era en los 30, una ciudad cosmopolita y muy activa culturalmente, pero también con un clima político muy difícil, llamada la década infame. Las conferencias y el mural quedaron sin efecto, y fue el director del diario Crítica, Natalio Botana, quien le ofreció a Siquieros, colaborar en el diario y lo invitó a diseñar un mural en su quinta de Don Torcuato. Extrañamente, el artista socialista realizaría el único mural dedicado al amor, sin una temática social, cerrando un ciclo sentimental en su vida y pintado en la casa de un millonario.

Siqueiros aceptó, se fue a vivir a la quinta y comenzó los preparativos en el sótano de la casa, llamó a su esposa Blanca Luz Brum, una escritora uruguaya que había conocido en 1929, para que se uniera a él, en Buenos Aires, ya que ese amor estaba en crísis y sería un encuentro definitorio.

El mural, llamado Ejercicio plástico, reunió sus ideas vanguardistas, apoyado por otros artistas argentinos: Berni, Castagnino y Spilimbergo, asi me contaba mi padre, quien era estudiante de arte y pasante en el diario Crítica y por eso Botana lo mandó ayudar al artista mexicano. Mi padre, mientras lavaba los pinceles, veía a Siqueiros concentrado, apasionado, bebiendo tequila y en ráfagas de creación.

El mural se terminó hacia fines del 33 y también se terminó la relación con Blanca, y Siqueiros volvió a México. El mural causó conmoción en Buenos Aires, algunos lo tildaron de pornográfico, otros vieron un concepto sensual e innovativo.

Botana, el zar de la prensa, murió en un accidente en 1941, la casaquinta se vendió, el mural sufrió humedad y abandono. Uno de sus dueños, Héctor Mendizábal, conociendo su valor, consiguió restauradores mexicanos que lo descolocaron del sótano y lo transportaron a un contenedor. Ya se habían iniciado cuidados, a nivel oficial sobre esta obra de arte. Recuerdo los afanes de personalidades de la cultura para activar el restauro de este patrimonio. Se lo declara bien artístico para evitar la salida del país y cuando asume Néstor Kirchner, en un viaje a México, llega a un acuerdo con el gobierno de Felipe Calderón para resguardar la obra, que pasa a las instalaciones de la Aduana Taylor, hoy museo del Centenario, donde terminan su restauración.

México es uno de los países latinoamericanos que mayor conciencia tiene sobre su patrimonio cultural. Profesionales mexicanos y con gran experiencia junto a expertos argentinos recuperaron la obra de Siqueiros. Hay una extensa bibliografía sobre el tema. Además, el reconocido director Héctor Olivera realizó la película El Mural, un fresco fílmico de esta historia de amor, conflicto y arte.

En 2010, el presidente de México, Calderón, visita la Argentina. Se efectiviza el acuerdo y el mural de Siqueiros se inaugura en el flamante Museo del Bicentenario de Argentina, donde tuve ocasión de verlo, en uno de mis viajes y sacarle estas fotos, recordando mi tiempo en México y en la función pública argentina.

En el mes de septiembre se festeja el nacimiento de la independencia Mexicana; he vivido en la tierra azteca durante varios años y pienso que una de las más bellas manera de celebrarla, es honrando la grandeza de sus artistas y su herencia cultural. Para mí, la obra restaurada de Siqueiros se encuentra en el museo argentino como emblema de la unión de los pueblos del continente y como símbolo de la conciencia de nuestro patrimonio artístico cultural latinoamericano, que tanto cuidado necesita.

Viva México!