Sara Lovera

Queremos justicia para María del Sol Cruz Jarquín.

Cd. de México. 25 de julio de 2018.- Sara Lovera.SemMéxico.Este lunes María del Sol Cruz Jarquín cumple 52 días desde que fue arteramente asesinada en Juchitán, Oaxaca. Durante todo este tiempo la autoridad electoral ha sido omisa; la autoridad judicial investiga lentamente; la autoridad estatal, el Ejecutivo, el gobernador, tienen la boca cerrada, hasta ahora todo parece conducir a la impunidad, sin rubor.

¿Quiénes han pedido justicia? Las periodistas que somos un gremio que padece los efectos de la violencia, sólo por atestiguar la realidad. Además de las periodistas algunas mujeres organizadas han alzado la voz, pidiendo justicia. La madre, Soledad Jarquín Edgar, en ese aspecto no está sola. Pero sí está desamparada porque la justicia no aparece por ninguna parte.

Cuando pienso en Soledad Jarquín la madre, me aparecen en el imaginario miles de madres, como un coro griego. Miles de bocas cansadas de gritar, cientos de ojos mirando hacia las estrellas, esperando un milagro. Nada. Eso no es justo, en nada debe esperarse un milagro, es la justicia la que tiene que actuar.

¿Dónde está la investigación? Veamos. Francisco Montero López, hoy ex secretario de Asuntos Indígenas de Oaxaca, que renunció y no fue removido, el mismo que favoreció con recursos públicos, materiales y humanos, a su hermano en su candidatura, enviando a María del Sol a Juchitán, bueno, ese señor no ha sido todavía investigado por el tribunal electoral, y, encima, no se le ha sustituido ¿Qué hay que pensar? Que sigue mandando. Tan tranquilo. Su hermano Hageo Montero López, perdió, pero sí se usaron esos recursos para su campaña. Es inaceptable que no se haya todavía hecho nada. La demanda de la madre, Soledad Jarquín Edgar, no tiene respuesta.

Y qué pensar entonces de una justicia que no llega. Esperamos que en 8 días, cuando se cumplan 60 desde que perdimos a María del Sol, conozcamos la nueva inquisición que se hará. Si recuerdan se envió una carta al PRI, denunciando esto. No hubo una sola línea de respuesta.

Estos hechos, que lastiman a miles de mexicanas y mexicanos, es la situación gravísima, una que confirma cómo estamos. Ni promesas, ni ofrecimientos -salvo un arreglo floral el día del funeral- sirven. La justicia, debiera ser simple. ¿Será tan difícil dar con los asesinos materiales? ¿Será tan grave para el gobierno de Oaxaca, averiguar, defenestrar al que usó esos recursos indebidamente, ilegalmente?

Las preguntas, en muchos hogares se multiplican. Los rostros de esas madres que no hace mucho anduvieron en la Ciudad de México explicando su situación, que hablaron con la probable, posible Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, ¿obtendrán respuestas y justicia?

Lo de María del Sol nos ha llegado hasta el fondo de nuestras conciencias. No pensamos callar o ser omisas, vamos a seguir día a día, vigilando que hacen los encargados de fijar los delitos electorales. El 2 de junio, la dirigente de la Secretaría de la Mujer del Partido de la Revolución Democrática, Rogelia González Luis, oriunda de Juchitán de Zaragoza, simplemente me dijo “Ma. del Sol estaba en el lugar incorrecto”. ¿Y luego qué pasó? Nada. Ahora menos, que han perdido en ese partido todo. ¿Quién se pone al frente? Preguntan las periodistas de Oaxaca; tampoco he visto actuar a las muy famosas Defensoras de los Derechos Humanos, actuar significa ver a las autoridades, exigir, más que dolerse, como lo hacen. Y el asunto se ventila en otros lares. Con cartas y actividades pero eso tampoco conmueve.

¿Por qué nunca contestó el PRI? ¿Por qué no le dio vergüenza que sus candidatos violaran la ley y los procesos electorales?

Y el observatorio del feminicidio, que hace cuentas, define, explica cómo las mujeres dejan manchas de sangre en todo México, no ha acudido a ver al gobernador de Oaxaca, que sigue tan tranquilo. Esta semana se sumaron más y más asesinatos en la entidad. Él dice, lo oí y vi en la televisión, que son casos aislados. Un artero asesinato, durante el proceso electoral, donde fueron sacrificadas al menos 19 vidas de mujeres. ¿Será siempre un daño colateral, como dicen? ¿Hechos aislados?

No se trata de una maraña. Es que estamos viviendo un estado de indefensión, tremendo. No vale la denuncia, ni las voces. Estamos frente a un muro infranqueable de estulticia.

Y los dolores se acumulan. Siguen vivos. No hay escucha. La ministra en retiro, muy elocuente, habla de pacificar al país. Le creo, sí, pero desde arriba le cuesta encarnar el sufrimiento de madres, amigas y amigos, de gente común que es atropellada y maltratada diariamente.

México se ha convertido en un país imposible. Desconozco el arreglo, pero es claro que los órganos de justicia no lo son. Y no se trata sólo, aunque cuenta, de corrupción, sino de un animal político dormido, insensible, avasallado por el poder real, que no es sólo mafia, sino un entramado de hechos, cosas, personajes que se han vuelto refractarios al dolor y a la injusticia que sufrimos en nuestras casas, uno que lacera nuestra probable tranquilidad.

Es tiempo de parar ese mundo donde la violencia se ha metido hasta en los huesos. Hay que volver a decir que María del Sol Cruz Jarquín, joven, llena de proyectos, cineasta, creativa, fue acribillada junto con la candidata a segunda concejala de Juchitán de Zaragoza, llamada Pamela Itzamaray Terán Pineda la madrugada del 2 de junio de 2018. Que no se nos olvide, porque la estadística, 136 políticos y políticas, candidatos y candidatas, perdieron la vida violentamente. No olvidarlo, porque entonces la nación mexicana perecerá en charcos de sangre que no pueden borrar la memoria.

No podemos, como ya advirtió la madre en una segunda carta dirigida a las buenas conciencias, olvidar que estos hechos sacaron a la luz esa otra barbaridad antihumana que nos está comiendo: el cinismo y la falta de la más elemental humanidad.

Hasta ahí hemos llegado, estamos por perder lo elemental. Por ello seguiremos pidiendo justicia para María del Sol Cruz Jarquín. Estamos a la espera de los resultados de la investigación; queremos no sólo a los criminales materiales, que se puedan localizar; sino a los otros, los abusivos, a los que se callan y dejan hacer y pasar.

Queremos algo más que una política de género. Necesitamos urgentemente no olvidar. Y acá estaremos mirando, esperando. Nada de lo que se haga podrá devolvernos a María del Sol, dirán, pero la huella está ahí. No hay que borrarla.

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