Soledad JarquÍn Edgar

ambién crece la crueldad y la forma en que estos se cometen. 29 enero 2018.-Soledad Jarquín Edgar.SemMéxico.- La violencia generalizada contra las mujeres preocupa ante los magros resultados para detener esa que debe ser considerada ya una especie de pandemia social. Aunque para algunas feministas no es lo mejor, podríamos decir que lo expuesto por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública de la Secretaría de Gobernación debe ocupar a las autoridades, pero también a la sociedad.

Los crímenes contra mujeres, contados de forma espeluznante en redes sociales, noticiarios de televisión y radio, y claro en los impresos, nos da idea –lo digo por enésima vez- de que no solo crecen los feminicidios con relación con el número de habitantes, también crece la crueldad y la forma en que estos se cometen, y claro hay un fenómeno que está incrustado y gana esta batalla: el crimen organizado y la guerra por los territorios. Obviar ese detalle es negar una realidad.

Así que ojo, cuando se ha modificado el mapa del feminicidio, según los resultados dados a conocer al finalizar la tercera semana de enero, quienes gobiernan deberán tener en cuenta que el feminicidio tiene también relación directa con la guerra de los hombres por los territorios del narco.

Las cifras hablan de diversos delitos: los homicidios dolosos en los últimos tres años 2015, 2016 y 2017, fueron creciendo al pasar de mil 755, a dos mil 210, y a dos mil 585. En el último año, los diez estados del país con mayor número de presuntas víctimas mujeres de homicidios dolosos que superan los más de cien crímenes de este tipo son: Estado de México (301), Guerrero (219), Chihuahua (212), Baja California (211), Guanajuato (159), Tamaulipas (145), Veracruz (137), Michoacán (121), Zacatecas (120), Puebla y Jalisco con 122, respectivamente.

En el resto de las entidades se registraron entre poco menos de cien y tres asesinatos dolosos contra mujeres, exceptuando Sinaloa, donde toda muerte violenta de una mujer se clasifica como feminicidio. En estos estados la mayoría de las víctimas tenían más de 18 años de edad.

Cuando el análisis cambia al número de víctimas de homicidios dolosos por cada cien mil mujeres (2017), cuya tasa nacional es de 4.1, los estados se clasifican de otra manera: Baja California Sur ocupa el primer lugar con una tasa del 22.1, seguido de Colima, Zacatecas, Baja California, Guerrero, Chihuahua, Tamaulipas y Nayarit con las tasas más altas, pero Guanajuato y Michoacán están ubicados todavía por encima de la media nacional. El resto de las entidades (21 en total) están por debajo de la media nacional.

Cuando analiza los presuntos delitos y víctimas de feminicidio, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública revela que estos crecieron año con año: 389 en 2015, 580 en 2016 y 671 en 217. El crecimiento de feminicidios más fuerte se registró entre 2015 y 2016, cuando aumentó 191 casos respecto al primer año. La cifra más baja de feminicidios se registró en junio de 2015, con 25 casos y la más alta en junio de 2017, con 70 casos.

En 2017, Sinaloa reporta 82 feminicidios, seguido de Veracruz con 79, Oaxaca 58, Edomex con 57, Nueve León 43, Ciudad de México 37, Sonora 32, Chiapas 29, Tabasco 28. Jalisco, Morelos y Puebla registran 27 feminicidios en cada entidad.

Hidalgo reporta (20), San Luis Potosí (18), Michoacán (17), Guerrero (13) y Guanajuato (12). Con 11 casos se ubican Chihuahua y Zacatecas. Se cometieron 11 feminicidios en Coahuila, Durango y Yucatán. Colima y Quintana Roo reportan cuatro feminicidios cada uno. Baja California, Nayarit y Tlaxcala dos cada uno, y con un solo feminicidio están Campeche y Tamaulipas. Sin ningún caso están Aguascalientes, Baja California Sur y Querétaro. La contabilidad del delito de feminicidio se realiza conforme a su tipificación en las entidades federativas, la cual se ha venido dando de forma gradual durante los últimos siete años, completándose las 32 entidades federativas en octubre de 2017.

Cuando se mide el feminicidio por cada cien mil mujeres, Sinaloa tiene la tasa más alta con 5.33, le sigue Oaxaca con 2.73, Morelos con 2.65, Tabasco 2.26, Sonora 2.13, Veracruz con 2.87, Nuevo León con 1.64, Zacatecas con 1.32, e Hidalgo con 1.31. En todas las entidades, como en los homicidios dolosos, en el feminicidio las víctimas son mujeres mayores de 18 años.

El análisis del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública incluye a los 100 municipios con mayor número de feminicidios. El estado con más municipios donde se cometieron más de dos feminicidios en 2017 es Veracruz, con 14 municipios; le sigue Oaxaca con nueve municipios; en tercer lugar, con ocho municipios, están Sinaloa y Nuevo León; en cuarto lugar están el estado de México, Morelos y la Ciudad de México con siete municipios; con cinco municipios, Sonora; con cuatro Tabasco, Jalisco e Hidalgo; con tres municipios, Puebla, Chiapas y Michoacán; con dos municipios por entidad Chihuahua, Yucatán, San Luis Potosí, Durango y Zacatecas; y con un municipio, Guerrero, Guanajuato, Coahuila y Colima.

Por municipios, el que mayor número de feminicidios presenta es Culiacán, Sinaloa, con 32; seguido de Mazatlán, Sinaloa, con 15; Cajeme, Sonora, al igual que el municipio de Veracruz, presentan 13 cada uno; con 10 feminicidios se ubican Novolato, Sinaloa; Xalapa, Veracruz, y Centro, Tabasco. Con ocho crímenes contra mujeres por ser mujeres se ubican Ahome, Sinaloa, y Acapulco, Guerrero. Cárdenas, Tabasco, registró siete feminicidios.

Con seis feminicidios se ubican los municipios de El Salto, Jalisco; Nezahualcóyotl, Edomex; Juárez, Chihuahua, y Puebla, Puebla. Con cinco asesinatos por municipio se ubican El Fuerte, Sinaloa; García, Nuevo León; Córdoba, Veracruz; Cuernavaca, Morelos; Celaya, Guanajuato; Mérida, Yucatán, y Monterrey, Nuevo León. Estos serían los municipios donde más asesinatos de mujeres por el hecho de ser mujeres se registran, después se ubican y siguen 78 municipios en los cuales se han registrado entre cuatro y dos feminicidios.

Sin duda alguna, el principal problema para la sociedad es el adormecimiento que sufrimos frente a la violencia contra las mujeres; se nos anestesia algo dentro del cerebro. Sin duda, un atomizador químico nos protege. Espero que no se nos duerma la conciencia, espero que no, porque entonces tendríamos un grave retroceso humano, al no considerar como personas a más de la mitad de la población.

Las cifras hablan de una realidad que no puede seguir como hasta ahora. Las mujeres, en especial a través del feminismo, han puesto desde hace años énfasis en esta violencia machista; aunque se dirá que hay respuestas, la solución parece cada vez más lejana. Me queda claro que ni los gobiernos, ni la sociedad pueden en solitario hacer frente a la pandemia social de la violencia de género contra las mujeres y me queda todavía más claro que entre más tiempo pase, menos posibilidades tendrán las mujeres de hoy y del futuro de sobrevivir al machismo que parece perpetuo e intocado.