Soledad JarquÍn Edgar

Las elecciones con más dinero y las más desangeladas No podemos seguir creyendo en un sistema que raya en el cinismo.

10 de abril de 2018.Soledad Jarquín Edgar.Semmexico.- Después de varios días de pensar no encuentro la manera de cómo las y los candidatos de todos partidos políticos, coaliciones e independientes harán para convencer a la ciudadanía o, será como siempre, les basta y les sobra con su (somnolienta) militancia partidista.

No veo por dónde ni cómo. Porque lo que hay es desánimo generalizado y volvemos a un proceso electoral en medio de una crisis financiera que se nota en lo que se pone en la mesa para comer y en las cada vez más tremendas carencias de la población tanto en lo público como en lo privado.

En contraste, el presupuesto para estas elecciones es de 6 mil 778 millones de pesos para el financiamiento de los partidos políticos y candidaturas independientes a nivel federal y cerca de 6 mil millones a nivel local, es decir, cerca de 13 mil millones de pesos, mucho dinero para las que serán en el fondo de todo, las más desangeladas campañas.

Somos un pueblo capaz de creer fervorosamente en lo intangible pero no podemos seguir creyendo en un sistema que raya en el cinismo, donde la política es un modo de vida, entre la parte política y la que no es, y un modo de operación, donde la clase política se queda con todo, dispone de todo y se asume dueño de todo.

Lo vimos con incredulidad. Candidatos hombres y mujeres saltando de un partido a otro o volviéndose independientes cuando ya nada se puede hacer dentro de los partidos políticos.

Me pregunto y pregunto: ¿Por quién podemos votar de la y los presidenciables? No solo por su peligrosa retórica conservadora, que ahora sí, resultan un peligro para las mujeres ,no de uno sino de los cuatro; la ausencia de propuestas con perspectiva feminista o de género, para que no se asusten, sino ante la falta de emoción de quienes aspiran, pero sobre todo su falta de convicciones, que se transmite, se nota.

De otra forma cómo se explica hoy que haya más priistas fuera del PRI que en el mismo PRI. Cómo podemos aceptar a esa generación de hijos e hijas de los emblemáticos y aguerridos de los partidos que se dicen de izquierda sometidos a los liderazgos priistas y panistas, y ellos y ellas como suplentes en las fórmulas o de seguidores –ciegos y sordos, desmemoriados- como en el caso de Anaya.

Buena parte de candidatos y candidatas son señalados por sus actos de corrupción u omisión, a pesar de sus oscuridades pasadas y peor aún a pesar de sus imágenes grises siguen ahí, nadie les molesta, nadie interrumpe, o se atreve a detener sus carreras político-delictivas. Tal parece que nos debe bastar con su palabra, con el hecho de que ellos nieguen y nos aseguren que no son corruptos, que su trayectoria es limpia; que no robaron que son sus enemigos políticos los que les imputan esos cargos.

Casi estoy segura que en otros países no tendrían por qué aspirar a la presidencia de México. Y eso es una lástima, porque se dispone de millones de pesos para que el Instituto Nacional Electoral y otras instancias responsables hagan su trabajo, pero nada pasa. No veo al presidente del Consejo General del INE o fiscalías electorales, cancelando campañas por actos de corrupción. Y peor todavía habrá quien aplauda y vote por esos personajes señalados por su presunta participación. El sólo sospechosísmo debería hacer que quedaran fuera.

Y sí, mucho tiene que ver con el país que somos y con el país que vivimos. El valemadrismo, siempre es lo mismo, no me importa, la poca capacidad de indignación, el adormecimiento por ignorancia, por hambre o por falta de seguridad, son, ni duda, las mayores ventajas para quienes siguen disponiendo de todo y de todas las personas.

Las campañas políticas electorales para elegir desde quien será la presidenta o el presidente, 128 escaños en la Cámara de Senadores, 500 curules en la Cámara de Diputados, y dos mil 818 autoridades locales, entre ellos ocho gobiernos de los estados y a quien dirigirá la ciudad de México…nada.

Así la ciudadanía en general tiene un sentimiento de “no me importa” o el clásico valemadrismo, incapaces de que las o los candidatos los hagan cambiar de opinión, de entusiasmarse, de vigilar, de no permitir abusos, a pesar del desmesurado esfuerzo de la magia de la comunicación mediática, las subidas de marea en las redes sociales, de los análisis, de las encuestas tempranas, de los programas cómicos, incluso, nada, nada sucede.

Del otro lado, los gritos triunfales.

La pregunta es ¿Si se cambian de partido de verdad cambian todo? ¿por qué les tenemos que creer que van a cambiar?

Y bueno, la militancia adormecida, escribí al principio. Y es que los partidos políticos están regidos por tiranías, donde lo que importa y vale es la palabra del que manda. Si no cómo un priista convencido puede estar sobre los perredistas, como son los casos de Héctor Pablo Ramírez Leyva y Samuel Gurrión, ejemplos oaxaqueños, pero que seguro abundan en todo el país.

Tal parece que muchos no aprenden y el PRD repite la historia. Bien dice la militante feminista de ese partido, Guadalupe Rodríguez en su Facebook: “Quienes militamos en el PRD hemos sido testigos de los grandes desaciertos que ha tenido nuestro instituto político a lo largo de historia, creo que el más erróneo fue hacer candidato a Gabino Cué, la vergüenza de la corrupción fue tan grande que pasará mucho tiempo para olvidarla…”.

Y es que sí, tal parece que les pasaron una pesada aplanadora por encima. Y lo mismo sucedió con el PRI, donde les impusieron candidaturas de personas que no militan en su partido, como si les faltaran militantes. Porque hay diferencia entre unos y otros partidos.

En fin. Este proceso electoral es como mirar un chiquero desde afuera del corral.