Soledad JarquÍn Edgar

17 candidaturas transgénero, la intentona de un fraude a la paridad que se debe corregir. 

9 mayo 2018.-Soledad Jarquín Edgar.SemMéxico.-Sí, siempre encuentran por donde torcer la ley. Me refiero a quienes están al frente de los partidos políticos en Oaxaca y, una vez más, han mostrado el altísimo grado de misoginia que profesan.

Y sí, también se los habíamos dicho a través de esta columna y de SemMéxico desde el pasado 24 de abril, que se gestaba un fraude más contra la paridad al permitir que 19, de los cuales en 17 casos existen pruebas de que no mujeres transgénero, sino varones, que al igual que sus partidos políticos, lo cual incluye a la coalición PAN-PRD-PMC, Partido Movimiento Ciudadano (PMC) solito al igual que el Partido Nueva Alianza, han falseado la identidad de los varones ante el IEEPCO, en su pretensión de gobernar 10 municipios, entre propietarios y suplentes.

También, hay que decirlo, primero que nadie, fueron feministas de Oaxaca las que dieron la voz de alerta sobre lo que estaba pasando, luego de que, basados en el artículo 16 de los Lineamientos de Paridad, habían sido admitidos esas supuestas candidatas trans, que este lunes fueron desmentidas por la propia comunidad sexodiversa, que exigió revocar esas candidaturas e interpuso un procedimiento especial sancionador. La respuesta de las autoridades electorales es que investiga.

El Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca (IEEPCO) tiene ahora que enmendar la plana y, como todo lo indica, echar atrás esas candidaturas de varones de la lista de paridad correspondiente a las mujeres, lo cual muestra una aberración más de las muchas formas que por mantener el poder tienen algunos señores.

Al menos ahora la tienen más fácil, luego de que la comunidad transgénero, muxe, sexodiversa y el Colectivo por la Ciudadanía de las Mujeres, han puesto sobre la mesa las pruebas para demostrar que esos señores son señores y no mujeres transgénero. Una verdadera vergüenza para la democracia y los avances de participación política que hasta hoy y con mucho trabajo han alcanzado las mujeres.

La participación en la vida política no ha sido como se ha dicho incansablemente una graciosa concesión de los hombres, sino el reconocimiento de un derecho para quienes hoy somos la mayoría de la población mexicana.

Ya lo reseña la historia. Tan pronto terminó la guerra de Independencia, cuando las mujeres manifestaron sus intenciones de formar parte de la vida pública y política del país. Así en 1947 se reconoció el derecho a votar y ser votadas en el ámbito municipal, es decir apenas hace 71 años.

Fue necesario esperar otros seis años para que en 1953 se reconociera el voto universal y otros tres años para en 1956, al menos en el caso de Oaxaca, se homologaran la ley federal y la local para que fuera una realidad.

Pero la historia no terminó ahí, para las mexicanas ha sido todo un andar cuesta arriba alcanzar en 2014 la reforma por la paridad. Entre tanto, nos sujetamos, primero y antes de las cuotas de género, a “la voluntad” de los señores del poder y eso explica la poca participación de las mujeres en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta, y que apenas se modificaron en 1993 (40 años después del voto universal), cuando el legislativo recomienda en el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, a los partidos políticos, “promover” una mayor participación de las mujeres en la vida política del país, a través de postulaciones de elección popular. Como era una recomendación no pasó lo que tenía que pasar.

Por ello en 1996 se volvió a adicionar y modificar dicho Código en el que pedían que se modificaran los estatutos de los partidos políticos a fin de que las candidaturas de diputados y senadores no excedieran del 70 por ciento para un mismo sexo, sin poner especificaciones si se trataba de propietarias o suplentes, ni mucho menos en qué número de la lista irían. Lo que hoy conocemos como paridad horizontal y vertical.

Los vacíos obligaron a una nueva reforma a las cuotas de género, lo que pasó en 2002, que ya establece que la cuota máxima será del 70 por ciento de candidatos propietarios de un mismo género, algunas restricciones en la lista de aspirantes plurinominales, como el hecho de que las mujeres aparecieran en una de cada tres posiciones y sanciones por incumplimiento. La trampa patriarcal fue el hecho de que las candidaturas de mayoría relativa, tenían excepción, cuando fueran designadas dentro de los partidos políticos por el voto directo, lo que significó para ellos una rendija de escape.

En 2007, la cuota de género pasó al 60-40 y en las plurinominales a dos mujeres mínimo por cada cinco candidaturas, pero fue imposible eliminar la rendija de escape, es decir, se cumplían, pero no siempre por aquello de que se dejaba a los partidos políticos con las manos libres.

Pero alcanzar la paridad con la reforma al Artículo 41 en enero de 2014 nunca fue producto de la buena voluntad de los políticos varones de este país, sino gracias al esfuerzo de muchas mujeres, desde las que en el siglo XIX demandaban el voto hasta las que se plantaban, tomaban congresos, se sacaban sangre en las oficinas electorales y las que denunciaban a sus partidos políticos. Una lucha que a lo largo de la historia unió a las mujeres aun cuando sus ideologías eran contrarias, porque alguna vez hubo ideologías partidistas.

Una de esas batallas históricas fue el juicio a la protección de los derechos político-electorales de las ciudadanas que, en 2011, apenas hace siete años, impulsaron Mujeres en Plural, las fundadoras claro, y que terminó con una histórica resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, estableciéndose la obligatoriedad de fórmulas completas propietaria-suplente o propietario-suplente de un mismo género. Eso para evitar la repetida historia de las mujeres que fueron llamadas “las juanitas”, es decir, las seis diputadas federales electas que en 2009 renunciaron a sus curules para que sus suplentes –esposos, hijos o hermanos- accedieran al cargo de elección popular. Un fenómeno que se había repetido a lo largo y ancho del país durante años.

Luego vino la paridad en 2014, como ya dije antes, cuya aplicación se ha efectuado en los procesos electorales de 2015 y en 2016 y será este 2018 cuando se ponga en marcha por tercera vez, solo que todo el país de una u otra manera. La paridad no es algo que guste a los señores del poder, al patriarcado se diría en feminismo. Ello, dicen las expertas, ha provocado más violencia contra las mujeres, porque están muy enojados, no quieren compartir a mitad lo que consideran es sólo asunto de hombres, así es, ese es el pensamiento, aunque hablemos de democracia.

Las 17 candidaturas que el IEEPCO otorgó a 17 hombres siguen vigentes hasta hoy porque ninguno ha renunciado a sus intenciones, pese a las evidencias y la demanda social de feministas e integrantes de la comunidad sexodiversa. Continúan en su pretensión de engañar a la gente que creen votará por ellos, amparados en el artículo 16 del reglamento de Paridad, que vale la pena decir no tiene sustento jurídico alguno.

El IEEPCO, insisto, tiene la enorme responsabilidad de enderezar la plana. Se muestra sabiduría al rectificar frente a un error que como se ha dicho afecta a las mujeres y la comunidad sexodiversa. Las feministas han planteado eliminar el artículo 16, otros sectores hablan de que se quede, pero con dientes para que no se vuelva a repetir esta triste historia que ya marcó el proceso electoral de 2018 en Oaxaca, con signos de patriarcado hegemónico y misógino que ejercen los partidos políticos que los postularon.